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Precaución ante los prestamistas

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Esta semana hemos conocido un nuevo y trágico suceso relacionado con la usura. Umberto Pellegrini, vecino del barrio de Tetuán, en Madrid, ha sido desahuciado por no poder hacer frente a la deuda contraída con Antonio Arroyo, un conocido prestamista que se ha hecho con la propiedad de numerosas viviendas gracias a sus presuntamente turbulentos negocios. El afectado pidió un préstamo de 4.000 euros en 2011 y, seis meses después, descubrió que se habían transformado en 32.000. Al no poder pagar esa elevada cantidad, Pellegrini ha sido desahuciado. Por desgracia, esta situación no es novedosa.

Desde el inicio de la crisis económica, han sido muchos los propietarios de viviendas que se han visto obligados a recurrir a prestamistas para poder afrontar el pago de las hipotecas. Y es que durante el período que se mantuvo la burbuja inmobiliaria, la adquisición de pisos llegó a picos muy altos. La inmensa mayoría de las familias optaba por esta opción antes que vivir en régimen de alquiler. Tendencia que aún perdura, aunque en niveles mucho más bajos, ya que las viviendas en propiedad suponen casi un 78% del total frente al 84,5% registrado en 2001.

Intereses no regulados

Sin embargo, esta solución pocas veces resulta eficaz. Los prestamistas recurren a triquiñuelas para enmascarar los altísimos intereses que imponen, que no hacen más que acrecentar el problema de las personas que solicitan el préstamo. El préstamo entre particulares es una actividad amparada por la ley en nuestro país. No obstante, no hay una normativa específica que regule los tipos de interés que se deben establecer. Este tipo de transacciones se rige por una normativa que entró en vigor a principios del siglo XX. Se trata de la Ley Azcárate (http://es.wikipedia.org/wiki/Gumersindo_de_Azc%C3%A1rate), legislación que los expertos creen que debería modificarse para adaptarse a las circunstancias actuales. Para remediar esta situación, los afectados no encuentran otra salida que acudir a los juzgados para reclamar justicia.

Estos casos no siempre terminan en desahucio. En ocasiones, los prestamistas optan por alquilar la vivienda al que era su propietario, con lo que el conflicto se alarga en el tiempo. Los usureros se aprovechan de las dramáticas situaciones que viven las personas que no pueden pagar su hipoteca para captar clientes, que recurren a los préstamos entre particulares por el miedo a perder su casa. Es frecuente ver anuncios de prestamistas en los medios de comunicación y la desesperación de las víctimas provoca que se dejen llevar por la publicidad engañosa. Es vital que las personas que estén en esta situación no recurran al dinero rápido porque les puede salir muy caro.

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